viernes, 11 de junio de 2010

Una sirenita


Para Sol,
mi sirenita, 
siempre.

Pasadas las siete
en una pleamar
una sirenita
llegó a mi ciudad.

Era como un sueño.
Era como el mar.
Con los ojos verdes
y el pelo azafrán.

Estaba cansada
de tanto cruzar
las azules aguas
de la inmensidad.

Me dijo un secreto,
me dejó un coral,
me cantó una copla
y volvió a la mar.